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lunes, 19 de febrero de 2018

Actividad para PMAR (Luz y Ana)

En esta entrada propongo una actividad específicamente diseñada para un grupo PMAR. El objetivo de la actividad sería que el alumnado desarrolle la capacidad de inferir el significado de algunas palabras a partir de su contexto y, por ende, que se den cuenta de que son capaces de comprender mensajes en lengua extranjera aunque no dominen todo el vocabulario.
Un Pasapalabra en clase de inglés. Fuente: Pexels
La actividad consistiría en facilitarles la siguiente lista de palabras y definiciones desordenadas, y pedirles que la lean (e intenten unirlas, si creen que saben alguna). Algunas son relativamente fáciles, pero no importa: esto puede actuar como elemento de motivación para no tirar la toalla antes de tiempo. Otra opción sería darles solo las definiciones y permitirles buscar las palabras que no comprendan en el diccionario, de modo que no busquen directamente las palabras clave en el diccionario:

Tank (A heavy armoured fighting vehicle carrying guns and moving on a continuous articulated metal track)
Stuffed doll (A toy made of fabric stuffed with a soft filling)
Stock market (A stock market is an institution where humans and computers buy and sell shares of companies)
Cover (Record or perform a new version of (a song) originally performed by someone else)
Corrupt person (etc.)
Blood
Fence
"Welcome" Mat
Weapon
Baking
Printed
The Web
Bad news
Hits
Get worse
Couple

A continuación, reproduciríamos el siguiente documento audiovisual (se trata de un anuncio comercial, por lo que o bien reproducimos hasta el 1:14 o modificamos los rótulos del final del vídeo). Para ello, sería conveniente preparar al alumnado para lo que va a ver. Les indicaremos que vamos a ver un vídeo en el que aparecen las palabras que queremos descubrir y que la temática del vídeo es dar esperanza en tiempos de crisis y pesimismo. Incluso podemos citar un ejemplo: "se suben más vídeos graciosos en internet que noticias malas", o "se imprime más dinero de Monopoly que dinero real". Incluso podríamos reproducirlo una segunda vez, en caso de ser necesario.


Luz nos explicó que para estos grupos la pequeña competición y la gratificación inmediata son importantes. Me ha parecido interesante entonces que, para realizar la comprobación de las respuestas, planteemos un pequeño juego, similar a lo que se hace en el programa televisivo Pasapalabra. Podríamos ofrecer algún incentivo académico adicional (un positivo, una libranza de deberes, etc.). Un alumno/a al azar deberá comenzar dando las respuestas, leyendo el término y la definición. Por ejemplo:
1) Tank = c) A heavy armoured fighting vehicle carrying guns and moving on a continuous articulated metal track
2) Stuffed doll = f) A toy made of fabric stuffed with a soft filling

Si se equivoca, el siguiente alumno tendrá que repetir las respuestas correctas (solo la unión del número y la letra) y leer la siguiente asociación palabra/definición correcta. Por ejemplo:
1-c
2-f
3) Stock market = a) A stock market is an institution where humans and computers buy and sell shares of companies

El objetivo de leer las respuestas anteriores es asegurarnos de que todo el mundo está atento a la corrección. La persona que sea capaz de dar todas las respuestas correctas, "gana".

Creo que puede ser una actividad interesante y que da mucho juego para poder adaptarla o modificarla según las necesidades y objetivos del grupo. No obstante, como es la primera vez que planteo una actividad para un grupo PMAR, agradeceré cualquier valoración o comentario al respecto.

¡Gracias!

jueves, 15 de febrero de 2018

Última sesión: el debate

Todo llega a su fin, y esta entrada está dedicada a la última sesión de la parte del módulo específico impartida por las profesoras Ana Fontenla y Luz Valencia. En esta clase nos reencontramos los grupos 1 y 2 para realizar un debate sobre tres cuestiones fundamentales:
  • El uso de la lengua inicial (propia, materna o como queramos llamarla) en el aula de lengua extranjera
  • El uso de la tecnología en las clases
  • Deberes: ¿sí o no?
En cuanto al uso de la lengua inicial, creo que existió bastante consenso a la hora de delimitar cuándo aplicarla: debemos dar siempre prioridad a la lengua extranjera salvo en casos de principiantes totales o en caso de que no encontremos la manera de explicar alguna información importante en la lengua inglesa. En este sentido, y como ya manifesté durante el debate, creo que es muy importante que las/os docentes sepamos: 1) detectar cuándo el problema de comprensión se debe al empleo de la lengua extranjera y, en línea con esto, 2) aprender explicar conceptos, estructuras, secuencias o instrucciones complejas de manera alternativa y/o sencilla. A menudo, la dificultad reside en la manera en la que estamos acostumbradas a explicar (o que nos expliquen) determinados conceptos lingüísticos, empleando a menudo referencias abstractas o terminología que dificulta la comprensión del alumnado (¡véanse las odiosas explicaciones de gramática!). Propongo que hagamos el esfuerzo de buscar maneras alternativas de explicar las cosas, como vemos en los vídeos de Jamie Keddie o de otros docentes, por ejemplo. No se trata de ser muy "original", podemos inspirarnos en aquellas personas con más experiencia que ya se han enfrentado a esta cuestión y tomar prestadas esas estrategias: no olvidemos que no solo existen estrategias de aprendizaje, sino también estrategias de enseñanza.

En lo relativo al uso de la tecnología en clase, he de decir que mi opinión ha mudado ligeramente a lo largo de este máster. Siempre he estado a favor de emplear internet, el ordenador y otras herramientas tecnológicas (que ya no son ninguna innovación, sino que forman parte de nuestras vidas), pero lo que me plantea más dilemas es el uso del teléfono móvil. Comencé el máster siendo muy tajante: creía firmemente que el móvil no tiene cabida en el aula, no porque no tenga cierto potencial didáctico, sino porque siento que tiene un mayor potencial de distracción y es instigador de otros problemas (sexting, bullying, etc.). Esta postura se vio reafirmada cuando en clase de Psicología de la educación se nos propuso pactar pausas con el alumnado para consultar el móvil y rebajar su ansiedad, a favor de una mayor concentración: me pareció una barbaridad. No creo que estemos ayudando así a gestionar la adicción, como se nos sugirió en esa asignatura: es como si permitimos salir a fumar en un centro escolar, creo que está totalmente fuera de lugar. Hoy en día vemos las consecuencias de esta adicción en personas adultas, tanto en el trabajo como con sus familias, y creo que si queremos ayudar precisamente a la concentración debemos crear un espacio de estudio donde el móvil no tenga cabida como herramienta de ocio. Sin embargo, sí que me ha parecido acertado, por ejemplo, el uso del móvil para poder consultar diccionarios en línea (como nos sugirió Ana) o para realizar alguna actividad puntual (como nos sugirió Luz). A este respecto, recomiendo esta interesantísima entrevista a Catherine L'Ecuyer sobre esta cuestión, de la que me quedo con la siguiente afirmación "la crisis actual no es una crisis de educación, es una crisis de atención":



Finalmente, estuve plenamente de acuerdo con lo comentado en el debate acerca de los deberes: son necesarios pero deben ser razonables. Vuelvo a reiterar que los y las docentes debemos organizarnos para coordinar la carga de trabajo: es nuestra responsabilidad asegurarnos de que la actividad académica no invade de manera perjudicial la esfera personal del alumnado. Y para ello, no veo mejor manera que la prevención. Como comenté en clase, creo que sería muy saludable para todas/so aprovechar la tecnología (por ejemplo, con hojas compartidas en Google Drive, Dropbox, etc.) para que el profesorado podamos tener acceso a la carga de deberes que el alumnado tiene de las diferentes materias, y así racionalizar su uso. Creo que esto sería también de mucha utilidad para las/os tutores de curso y nos ayudaría a mejorar la relación con las familias, que a menudo manifiestan mucha preocupación por esta cuestión.



The adventure begins. Fuente: Unsplash
Dicho esto, solo me queda concluir esta última entrada dando las gracias a Ana y Luz, Luz y Ana, por sus clases, sus comentarios, su feedback y su apoyo. Ha sido un placer compartir estas sesiones con vosotras, de las que hemos aprendido mucho y nos llevamos un magnífico recuerdo. Ojalá pudiéramos vernos de nuevo en clase tras las prácticas: sería interesante repetir el debate una vez hayamos experimentado la docencia en secundaria y hayamos puesto en práctica lo aprendido durante este máster. Agradecemos mucho el esfuerzo que hacéis combinando vuestra labor docente habitual con este máster, pues para nosotras ha sido muy importante mantener este intercambio con personas que trabajan directamente sobre el terreno, y también agradecemos la generosidad de haber compartido tantos materiales, ideas y actividades con nosotras. Muchísimas gracias por todo, espero que algún día (no muy lejano) podamos contaros que cumplimos nuestro deseo de convertirnos en teachers. See you soon!


miércoles, 14 de febrero de 2018

Sesión conjunta Ana y Luz

La sesión conjunta que mantuvimos el penúltimo día de clase con Ana y Luz abordó diferentes temáticas, entre las que estaban el método AICLE, el trabajo con auxiliares de conversación en el aula de lengua extranjera (especialmente en secciones bilingües o escuelas oficiales de idiomas) y el trabajo con grupos PMAR (Programas de mejora del aprendizaje y del rendimiento).

¿Enseñar o to teach? Esa es la cuestión. Fuente: Pexels
Lo que puedo destacar de la primera parte de la sesión con Ana Fontenla fue el debate que surgió en torno a las ventajas y desventajas de impartir una asignatura no lingüística empleando (casi) exclusivamente la L2/LE. Este intercambio me resultó especialmente enriquecedor porque tanto la profesora como las compañeras del grupo intercambiamos nuestras propias experiencias y, en el caso de las alumnas, expresamos abiertamente nuestras dudas acerca de este formato de docencia. El principal motivo de preocupación fue que al personal docente encargado de impartir una asignatura no lingüística en L2/LE se le requiere un nivel B1/B2 de lengua extranjera, algo que muchas compañeras consideramos insuficiente si lo que se persigue es mejorar la competencia lingüística del alumnado en esa lengua extranjera.

Estuvimos de acuerdo en que este formato es, en todo caso, beneficioso para el alumnado, y también hubo cierto consenso respecto de que el nivel de lengua del profesorado debe, en general, mejorar sustancialmente para poder garantizar los resultados lingüísticos deseados. Fue interesante conocer que los datos estadísticos demuestran que el rendimiento general del alumnado es mayor cuando cursan una sección bilingüe, más allá del sesgo que existe debido a los requisitos para ingresar en la misma. Esto podría interpretarse como que plantear la docencia en un idioma extranjero supone una trabajo por proyecto en sí mismo, y que puede conllevar un aumento de la motivación intrínseca del alumnado.

En línea con lo anterior, debo reconocer que también me resultó interesante la lectura de los apuntes sobre el método CLIL/AICLE, y en especial la aplicación de las "4C del currículo" de Coyle (1999) (contenido, comunicación, cognición y cultura) para la programación de actividades en un aula AICLE. A este respecto, una reflexión que se me antoja importante es la del tipo de material que debemos utilizar. Yo misma cursé una de las primeras secciones bilingües que hubo en Galicia allá por el curso 2004-2005, en donde el profesorado tenía que preparar todo el material porque no existían materiales en lengua inglesa adaptados al currículo español (hago referencia a mi experiencia en sección bilingüe porque no tengo ninguna experiencia en AICLE, aunque nuestra docencia se impartía íntegramente en inglés, a diferencia de lo que requiere la ley en la actualidad). Aunque en este máster hemos aprendido que en un aula de inmersión como AICLE/sección bilingüe se debe simplificar el lenguaje pero no los contenidos, lo cierto es que yo sí fui testigo de cómo nuestro currículo estaba simplificado. Quizás se debiera precisamente a la escasez de materiales, y por ello me alegró descubrir en nuestra sesión con Ana que ya hay libros editados en inglés que recogen el currículo español.

¿Qué materiales empleamos en lengua extranjera?
Fuente: Pexels
Sin embargo, me gustaría saber si resultaría demasiado descabellado emplear libros de texto editados directamente en países donde se emplee la lengua extranjera o ediciones adaptadas de estos (en el caso del inglés, por proximidad Irlanda, Reino Unido o Malta, pero también Canadá, Australia, India o Estados Unidos). La razón principal es que, siguiendo la lógica de las 4C (especialmente en lo referido a la cultura) no solo buscamos vehicular la docencia en lengua inglesa, sino que el objetivo primordial es la adquisición de contenidos y competencias desde perspectivas variadas, y el uso de libros de otros sistemas sería muy interesante desde el punto de vista de la variedad de estrategias de aprendizaje. Sin embargo, a esto habría que añadirle un esfuerzo todavía mayor por parte del profesorado responsable de esta docencia que, dado el actual clima de precariedad, dudo que estuvieran dispuestos a realizar sin mayor asistencia por parte de las instituciones educativas. ¿Un Erasmus de profesores orientado a este fin, quizás? Las posibilidades son variadas.

Just a spoonful of... sugar? No: motivation. Fuente: Pexels
Por otra parte, durante la sesión con la profesora Luz Valencia trabajamos sobre cómo abordar la docencia en un aula PMAR. Aquello que me llevo más claro de esta sesión es que, haciendo un paralelismo con las secciones bilingües o el método AICLE, el aprendizaje de lengua extranjera en un grupo PMAR es un instrumento para trabajar cuestiones de mayor calado en la vida de este alumnado, como lo son la reconstrucción de la autoestima, la autonomía, la responsabilidad y la adopción de hábitos saludables (tanto desde un punto de vista personal como profesional). Esto exige, asimismo, que hagamos una adaptación curricular en función de nuestro grupo, no solo respecto del nivel lingüístico, sino del propósito lingüístico en sí mismo. La anécdota que nos contó Luz sobre un ex-alumno que ahora es taxista me hizo pensar sobre la necesidad de dotar de mayor pragmatismo la docencia en este tipo de grupos, más próximos a la entrada en el mercado laboral.

Lo anterior confirma que me gustaría recibir más formación para poder ofrecer una mejor docencia a este tipo de alumnado, lo que, por otra parte, también redundaría en una mejor formación para el resto de alumnas/os. Se me ocurrió consultar el plan de estudios para el itinerario de Formación y Orientación Laboral de este mismo máster, el único que me pareció que podría tener algo de relación con esta cuestión, para saber si en su módulo específico contaban con algún tipo de formación más adaptada al alumnado que está más orientado al mundo profesional. Sin embargo, a priori no me ha dado muchas pistas, aunque creo que quizás todo lo relativo a la motivación, la aplicación de un enfoque pedagógico que tenga en cuenta la afectividad y las emociones, o el abordaje de la autoestima desde la psicología clínica pueden ser muy interesantes.

sábado, 3 de febrero de 2018

Comentario sobre "Is technology transforming education?" (Ana Fontenla)

Empezaré por confesar que he disfrutado mucho la lectura de la pieza de opinión de Stannard, R. (2015) Is technology transforming education?. El autor viene a recoger lo que muchas y muchos docentes, pedagogas/os y académicas/os han advertido a lo largo de los años: la tecnología no cambia la educación; la educación cambia cuando empleamos la tecnología para abordar la educación desde una óptica nueva y pedagógicamente útil.

Me parece muy necesaria esta reflexión porque, a pesar de todo, en nuestro imaginario colectivo la tecnología se sigue entendiendo un sinónimo de la innovación. Esto tiene su razón de ser: hemos conocido el concepto de innovación a partir de su uso en el contexto industrial y mercantil, en el que con mucha frecuencia las innovaciones han venido de la mano de nuevas tecnologías. Pero cuando hablamos de innovación educativa tenemos que ser conscientes de que la innovación reside en el modo de educar, y que la tecnología tiene cabida, unas veces, en esa innovación.

La creatividad es el motor de la innovación, no la tecnología.
Fuente: Pixabay
Evitar caer en la falsa innovación tecnológica en el aula es, en mi opinión, algo que debemos aprender a hacer desde el principio; es decir, desde que empezamos a aprender a programar. Creo que debemos tener claro primero qué queremos hacer, por qué queremos hacerlo y cómo. Y en ese cómo, debemos revisar de qué manera pueden encajar las nuevas tecnologías, ya sean el libro digital, las fuentes en línea, el streaming de contenidos audiovisuales o la interactividad.

Siguiendo la lógica de un análisis DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades), para el que primero deberíamos analizar las debilidades y las fortalezas de nuestra docencia actual, he identificado las siguientes amenazas y oportunidades tras leer la pieza de Stannard son:

Amenazas

  • La tecnología no debe llevarnos a reemplazar las funciones del profesorado: muchos enfoques pedagógicos innovadores, como el flipped learning, aprovechan la tecnología para fomentar un aprendizaje más autónomo. Si bien puede resultar positivo fomentar el intercambio de estrategias de aprendizaje entre el alumnado o la co-evaluación (peer-review), esto en ningún caso debe llevarnos a evadir nuestras funciones como docentes. 
  • La curiosidad puede decrecer si decrece el factor humano: grabar explicaciones y colgarlas en línea, como sugiere el artículo, puede ser útil en un momento puntual, pero no debe sustituir a la interacción en tiempo real entre un docente y su alumno. Hablamos siempre de la necesidad de estimular la curiosidad, y esto resulta difícil si la alumna/o no tiene la oportunidad de interactuar con nosotras/os o de percibir nuestras emociones.
  • La tecnología no debe dificultarnos el segumiento del alumnado: Si empleamos métodos de aprendizaje autónomos vehiculados a través de soluciones digitales y/o no presenciales, debemos asegurarnos de prever mecanismos que nos permitan seguir realizando un seguimiento adecuado del progreso de cada alumno. 
  • La tecnología no debe invadir el espacio y el tiempo personales del alumnado fuera del aula: igual que ocurrió con la incorporación del correo electrónico al trabajo, donde las trabajadoras/es perdimos gran parte de nuestra independencia fuera del horario laboral, debemos recordar que el uso de las nuevas tecnologías no nos da derecho a invadir la vida de nuestro alumnado más allá del horario lectivo. El alumnado tiene un compromiso educativo que se circunscribe al ámbito educativo, y el hecho de emplear tecnologías que nos permitan seguir trabajando fuera del aula no debe ir en detrimento de su derecho al ocio. A nivel personal, esto me resulta especialmente preocupante, máxime cuando algunos docentes lo relacionan con la asignación de deberes.
Oportunidades
  • La tecnología nos ahorra tiempo y espacio: tanto docentes como alumnos, podemos aprovechar las ventajas que nos ofrece la tecnología en términos de almacenamiento y espacio para invertir mejor el tiempo en el aula.
  • La tecnología nos permite trabajar nuevas formas de solucionar problemas: tal y como indica Stannard, debemos plantearnos cómo la tecnología nos ayuda a plantear nuevas formas de abordar la docencia y cómo ello puede redundar en una mayor creatividad y autonomía de nuestro alumnado
  • Podemos interactuar con la sociedad de un modo instantáneo: el uso del correo electrónico, las redes sociales educativas o las plataformas de contenido nos ofrecen mecanismos para poder sacar a nuestro alumnado del aislamiento del aula, para hacerles conscientes y partícipes del mundo globalizado en el que viven.
  • La tecnología nos permite acercarnos más a nuestro alumnado: debemos aprovechar las oportunidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías para trabajar formatos y contenidos más próximos a los intereses de nuestro alumnado (contenidos gráficos, audiovisuales, musicales, etc.) 
Por último, me gustaría añadir que tras leer el artículo de Stannard me topé por casualidad con esta interesante entrevista a la experta Catherine L'Ecuyer, de la que me quedo con la cita "la crisis educativa es principalmente una crisis de atención":



Creo que haciendo este ejercicio consciente de reflexión sobre el lugar que debe ocupar la tecnología en nuestras aulas, podremos incorporarlas y emplearlas con provecho, para nuestro propio beneficio y el de nuestro alumnado.

Tercera sesión con Ana Fontenla


La tercera sesión con la profesora Ana Fontenla se articuló sobre dos ejes diferentes pero complementarios. En la primera parte de la clase, tras realizar dos actividades de warm-up (Guess who you are & Explain the embarrassing situation) revisamos algunos de los principios educativos que inspiran a tres grandes referencias actuales de la docencia: César Bona, el profesor de primaria finalista del Global Teacher Prize, Ángel Carracedo, catedrático de Medicina Legal y experto genetista forense, y David Calle, creador y docente del canal de Youtube y plataforma Unicoos.

Hubo una cuestión que me interesó en especial. Los tres expertos coinciden en que uno de nuestros deberes esenciales como docentes es educar a nuestras alumnas/os en el respeto, la empatía y los valores. Esto es algo que a menudo damos por sentado, pero tanto la recomendación de estos (y otros) expertos, como la configuración del sistema educativo actual, donde  se sigue fomentando un modelo enciclopedista en lugar de modelos como el socioconstructivista, parece demostrar que estamos lejos de hacerlo de manera satisfactoria. Pero, ¿por qué debemos educar en el respeto, la empatía y los valores?

Esta pregunta debe llevarnos al origen mismo de la función de la escuela, en tanto que institución educativa. Tras haber sido usuaria del sistema educativo público durante muchos años (educación primaria, E.S.O., Bachillerato, estudios de Licenciatura, estudios de Máster y estudios de Doctorado), he comprendido que acudimos a las escuelas para adquirir las herramientas que nos permiten vivir en sociedad. En los años de la escolarización obligatoria, esas herramientas deben tener relación con el ejercicio de una ciudadanía libre, cívica y activa, que comprende habilidades (valores democráticos, derechos humanos, relaciones sociales, comunicación, gestión y solución del conflicto, empatía, solidaridad, espíritu crítico, respeto e inclusión, ecología, feminismo, etc.) y conocimientos (historia, arte, lenguas, culturas, ciencia, tecnología, etc.). En los años posteriores de educación no obligatoria, el propósito es manejar con mayor destreza esas herramientas, y añadir aquellas que nos permitan ejercer una profesión en un contexto social determinado. Pero el denominador común de todas estas herramientas que la escuela debe proporcionarnos y enseñarnos a utilizar es, precisamente, la voluntad de hacernos personas libres, cívicas y activas. ¿Por qué, entonces, no centramos la formación del profesorado en estas cuestiones, ni ajustamos el sistema educativo a estas exigencias? A mi entender, el escritor y humanista José Luis Sampedro lo explica bastante bien:



Sampedro, tras denunciar el hecho de que quienes ostentan el poder no tienen interés alguno en promover el sentido crítico como el resultado principal e imprescindible de la labor educativa, apunta a algo que, como periodista, veo de forma muy evidente, pero que no suele relacionarse de manera explícita con la educación. Sampedro sí une esta falta de espíritu crítico con la posterior ausencia de opinión pública efectiva y real. Para ello hay que entender que la función de los medios de comunicación, en tanto que cuarto poder, es la de proporcionar información veraz y de interés público para nutrir a la opinión pública, de modo que pueda tomar decisiones informadas a través de los instrumentos democráticos. Pero cuando se produce la doble contradicción en la que, por un lado, los sujetos de la opinión pública (ciudadanía) no tienen los instrumentos para poder ejercerla libremente (porque la Educación no enseña en el espíritu crítico), y, por otro lado, los medios de comunicación no están al servicio de la ciudadanía, sino de intereses político-económicos, el sistema se colapsa y los ciudadanos perdemos nuestra libertad y nuestra autonomía como sociedad.

A este respecto, debemos hablar explícitamente de la alfabetización mediática (media literacy) como un elemento esencial que debe incorporarse al currículum, para hacer a nuestro alumnado capaz de "consumir" adecuadamente el contenido y la información viralizada que le llega por tantos canales. No quiero extenderme sobre esta cuestión que tanto me interesa porque no es el propósito de esta entrada, pero dejaré este vídeo como muestra de cómo la alfabetización mediática nos puede ayudar como docentes a crear mentes críticas, en un mundo dominado por los medios de comunicación masivos y por las redes sociales:



Siguiendo con la reflexión sobre la función que debe cumplir la escuela en la vida de nuestro alumnado, merece la pena escuchar las reflexiones de Noam Chomsky sobre el propósito de la educación, donde menciona que con frecuencia hemos entendido la educación como una herramienta de homogeneización de la sociedad:




Sin embargo, la educación en valores, respeto y empatía en ningún caso debe confundirse con la estandarización de las opiniones y los discursos. En todo caso, esta educación nos permite precisamente huir de la homogeneización pero en un marco de convivencia, solidaridad y respeto mutuos, donde lo único que debe ser homogéneo es el respeto por los derechos humanos.

Por tanto, lo que decían César Bona, Ángel Carracedo y David Calle tiene una trascendencia mucho mayor de lo que podía parecer a priori. Se trata de hacer de la escuela un lugar de florecimiento, una fuente de estimulación, un entorno de creatividad donde podemos ser muy innovadores si reordenamos nuestras prioridades docentes y las alineamos con el propósito real de la Educación. Y en mi humilde opinión, creo que la enseñanza de lenguas extranjeras nos proporciona un contexto privilegiado para integrar estas cuestiones con el desarrollo de la competencia comunicativa.

Por último, y para cerrar esta reflexión sobre la tercera sesión con Ana, creo que un ejemplo de lo importante que es reflexionar acerca de para qué hacemos lo que hacemos, es el ejercicio que realizamos en clase en el que teníamos que replantear las actividades de un libro de texto de inglés de 3º de la E.S.O. (Way to English, p.66) aplicando el enfoque comunicativo. A pesar de contar con un tema blanco que nos daba mucho juego (food), las cuatro integrantes de nuestro grupo tuvimos muchas dificultades para llegar a un consenso acerca de cómo y por qué replantear las actividades que nos habían tocado. En parte, creo que se debió a que, queriendo huir de las rutinas que tenemos adquiridas, teníamos criterios diferentes a la hora de considerar cuál era el objetivo educativo que queríamos trabajar. Esto no es necesariamente negativo, pero refuerza la idea que mantengo de que cuanto mayor sea nuestra formación, mejores decisiones podremos hacer como docentes, tal y como ya comenté en la entrada anterior sobre la primera sesión con Luz.


lunes, 29 de enero de 2018

Segunda sesión con Ana Fontenla

La segunda sesión con la profesora Ana Fontenla versó sobre las diferentes maneras que tenemos de plantear el trabajo en el aula. El primer aspecto que tratamos fue la superación de la tradicional división del trabajo en lengua extranjera en las cuatro destrezas clásicas (reading, writing, speaking and listening) a favor de otras formas de concebir su agrupación, como el hecho de plantear actividades de producción (oral y escrita) y de comprensión (oral y escrita). Esto permite ampliar la riqueza y graduar la dificultad de las actividades, a la vez que favorece la huída de patrones reiterativos de enseñanza/aprendizaje que se reproducen a lo largo de unidades didácticas que solamente cambian la temática.

A este respecto, debo decir que es importante tener en cuenta otro factor a la hora de plantear las actividades, que es el carácter individual, interactivo o grupal de las mismas. Me parece que esto es fundamental por varios motivos, pero el más importante es el hecho de que algunas destrezas o habilidades (como la comprensión escrita, o reading) son actividades que deben necesariamente realizarse de forma individual para que tengan el resultado cognitivo de aprendizaje deseado. A veces caemos en la tentación de plantear sesiones muy interactivas en la que, bajo una apariencia de trabajo colaborativo, la participación se plantea únicamente desde una perspectiva grupal. Esto no puede hacernos olvidar que el proceso de aprendizaje, aunque se ve beneficiado en gran medida por estas actividades grupales donde se trabajan muchas competencias a la vez, es individual, y por ello debemos procurar prestar la debida atención y seguimiento al progreso individual como docentes.

Las diferencias no son el problema. Fuente: Pexels.com
Lo anterior tiene también que ver con la atención a la diversidad, de la que también tuvimos ocasión de hablar en clase. Cada alumna/o, por los motivos que sean (y no necesariamente vinculados a una discapacidad o dificultad de aprendizaje específica), suele tener un ritmo de aprendizaje diferente, o puede experimentar mayores dificultades a la hora de realizar determinadas tareas. Me parece fundamental que tengamos esto siempre presente en el aula para poder cumplir con nuestro objetivo de manera equilibrada, ofreciendo a todos los alumnos la oportunidad de adquirir habilidades y contenidos. Uno de los instrumentos que creo que nos puede ayudar mucho es la utilización de evaluaciones diagnósticas y/o formativas, que deben estar contempladas en nuestra programación de curso, sin perjuicio de que podamos añadir más de manera espontánea. Asimismo, creo que también es de interés darles la oportunidad de compartir las estrategias de aprendizaje en clase, donde unas y otras expliquen cómo han solucionado la actividad, pues esto también ayuda a compensar las diferencias en el aprendizaje. También me pareció muy interesante la propuesta de Ana de plantear dos formas, o más, de completar una actividad, y que sea el propio alumnado el que opte por una vía u otra. Sin embargo, creo que para que esto cumpla con su objetivo de neutralizar las posibles diferencias y ritmos de aprendizaje, es necesario que el docente conozca bien el aula y sepa discernir entre quienes realmente necesitan esa micro-adaptación curricular y quienes no se sienten motivados y prefieren optar por la opción más sencilla.

Creo que la mejor forma de integrar todos los aspectos anteriores al aula es conseguir que el alumnado vea y sienta la conexión entre todos los contenidos del curso, es decir, que puedan sentir que su esfuerzo de hoy tiene resultados mañana, y que lo que dejan de hacer hoy les va a resultar más difícil en el futuro. Ese es el objetivo de una evaluación continua y, en ese sentido, creo que plantear el trabajo por tareas y proyectos es una de las mejores maneras de crear ese compromiso y fidelidad de las/os estudiantes para con nuestra asignatura.
Compartir y sumar en el aula. Fuente: Pixabay.com
Pero además, creo que debemos saber ofrecerles proyectos, tareas y/o retos que, amén de resultarles puntualmente atractivos por su temática, les hagan sentir que les están aportando algo como personas. A este respecto, quizás por mi deformación de periodista, creo que conectar nuestras propuestas con hechos noticiosos que puedan conocer o con los que puedan estar más o menos en contacto, es una forma eficaz para motivarles y les aporta también elementos para formar su pensamiento crítico. Reflexionar sobre hechos sorprendentes, polémicos o traumáticos que le sean conocidos puede ayudarles a estar informados, formarse su propia opinión y a sentirse como sujetos activos, en una sociedad (o microsociedad del aula) donde su contribución es escuchada y estimada.

sábado, 27 de enero de 2018

Primera sesión con Ana Fontenla

El presente texto es un comentario sobre la primera sesión que el grupo de Lenguas extranjeras (1) del Máster de profesorado en educación secundaria de la Universidad de Vigo ha tenido con la profesora Ana Fontenla. Debo confesar que comienzo este texto sin una idea demasiado definida sobre qué se espera exactamente de mí y de mis aportaciones al blog a partir de las sesiones con Ana Fontenla y Luz Valencia, por lo que pido a las profesoras que me disculpen si esta reflexión se aleja de lo esperado y les ruego me guíen con sus comentarios para mejorar en mis próximas aportaciones.

Introducción: sobre cómo quise volver a un aula de secundaria para estar del otro lado

Creo que estoy en condiciones de decir que esta ha sido la primera clase en la que he sentido verdaderas ganas por pisar de nuevo los pasillos de un instituto en los zapatos de una profesora. Mi experiencia en la docencia de la lengua inglesa está ligada a clases en una academia familiar con grupos reducidos de jóvenes o personas adultas, nunca superiores a las 10 personas, donde el contexto es muy diferente al de un aula de secundaria. Así ocurre también con mi experiencia dando clase en la universidad en España y Reino Unido, donde a pesar de que algunas conductas del alumnado siguen siendo sorprendentemente similares a las de sus jóvenes homólogos de la secundaria, los códigos, la comunicación, las responsabilidades y la autonomía de profesorado y alumnado son ciertamente distintas. A través de las palabras de Ana, de sus ejemplos, anécdotas y, si me lo permite, de su presencia "tan de profe" (entendiendo por profe de secundaria esa figura enigmática a caballo entre la maestra y la profesora de universidad), esta primera sesión ha despertado en mí el olor dormido a los pupitres, las hormonas, la algarabía, la tinta destintada, los forros de los libros, los bostezos, las muestras de afecto, y de desafecto, las tizas, los bocadillos y las mochilas; un olor del que guardo un recuerdo fabuloso como alumna y que ahora trato de evocar desde la imponente perspectiva de una pizarra.

El camino que me ha traído hasta aquí no ha sido corto ni rectilíneo. Estudié Periodismo y Traducción e Interpretación, he vivido en lugares tan dispares como Edimburgo (Escocia), Oxford (un diminuto pueblo de Ohio, Estados Unidos), París (Francia) o Luxemburgo, he empezado varias tesis que (todavía) no he consigo acabar porque por el camino he trabajado de todo lo que he podido; como traductora e intérprete la mayor parte de las veces, pero también como asistente de investigación, gestora de comunicación, periodista o profesora lengua u otras disciplinas afines. Y a pesar de tener siempre claro que no quería ser profesora, una vez que la vida me ha llevado a serlo me he dado cuenta de que no quería hacerlo porque realmente pensaba que yo no tenía (ni podría adquirir) la capacidad de enseñar y que alguien aprendiera a partir de lo que yo hiciera. Pero mi breve experiencia me ha demostrado lo contrario: a pesar de esa autoimpuesta incapacidad, me he emocionado preparando clases, me he enorgullecido de ver cómo mis alumnas/os evolucionaban con mi modesto acompañamiento y me he decidido a enfrentar todas esas carencias pedagógicas que tanto me atormentaban.

Buscaba en este máster encontrar las formas más pedagógicas de impartir un currículum que se me antoja muy ambicioso, sesgado, desequilibrado y, en muchos casos, pesado. Hasta ahora lo que he recibido es una potente introducción a la normativa y al marco institucional en el que se desarrolla la profesión de docente de secundaria, unas interesantes (pero etéreas) pinceladas sobre las nuevas pedagogías que pretenden superar los grandes males de la docencia tradicional, un claro mensaje de que nuestras clases gobernantes exigen de nosotras/os que eduquemos en competencias y no en contenidos (aunque solo nos orientan acerca, precisamente, de los contenidos). Mas lo que nos preocupa, que es cómo concretar todo esto en una actividad, una tarea o un proyecto para nuestras chicas y chicos de secundaria, parecía no llegar nunca, hasta ahora, hasta esta parte de la asignatura en la que tengo puestas grandes esperanzas.

El contenido de la sesión: con qué me quedo

La sesión fue muy completa y combinó el repaso de cuestiones conceptuales con la realización de actividades tanto de introducción como de ejemplificación de la práctica docente en el aula. La primera reflexión que me viene a la cabeza al repasar los temas abordados en clase es la tensión que veo entre el deseo de encomendarme a la docencia basada en tareas y proyectos, y la soledad que anticipo por parte de mis futuros colegas. Al hablar de los conceptos de trabajo por proyectos y tareas, que es un concepto que hemos tenido ocasión de comentar varias veces en este Máster, siempre surge con fuerza la importancia de contar con el apoyo y, sobre todo, con la colaboración de una parte importante del claustro.  Sé que esto no debería ser un impedimento para, precisamente, proponer ideas que puedan seducir a aquellas compañeras/os a quienes la rutina pueda haberles vencido. Sin embargo, quizás por mi inexperiencia o por mi propia experiencia como alumna de un sistema eminentemente tradicional, siento que es un deseo que de algún modo voy a ver frustrado y que solo podré realizar en parte. Algo que me estimula y me motiva mucho, pero con lo que no quiero encariñarme por si después resulta que no es viable en el centro donde trabaje y me arrepiento de haberme hecho profe para "esto". En otras palabras, quiero explorar el aprendizaje por tareas/proyectos pero ser capaz de alimentar mi motivación como docente y, sobre todo, la de mi alumnado incluso en un contexto en el que ese tipo de propuestas pudieran no tener cabida.

Esto me lleva a mi segunda reflexión, que tiene que ver con mis expectativas y con las de mi alumnado, y que entronca directamente con los apuntes sobre la motivación intrínseca del alumnado que hicimos en clase. Una de las cosas que, según la literatura científica al respecto, ha demostrado ser clave en el aprendizaje es la motivación del alumnado. Por ende, es uno de los asuntos que a mí más me fascinan como aspirante a docente, y, más que preocuparme cómo motivarles, me interesa cómo llegar a conocer a mi alumnado lo suficiente como para saber con qué motivarles. Creo que esta diferencia entre el cómo y el con qué es importante, pues el cómo lo podemos encontrar en las nuevas propuestas didácticas basadas en retos, trabajo cooperativo o por tareas, entre otros, pero el con qué es donde nos la jugamos y donde tenemos que emplear los recursos y estrategias adecuadas para conectar con nuestro alumnado, conocerles, ponernos en sus zapatos y guiarles, de manera que cualquier zanahoria que empleemos les resulte de verdadera utilidad para desarrollar todas esas competencias que van a necesitar como ciudadanas/os libres. Esta reflexión me parece fundamental para evitar caer en las redes de lo inmediato y de lo fácil, de emplear recursos de moda que hagan sombra a lo verdaderamente importante y nos hagan olvidar nuestro auténtico cometido como agentes educativos.

A este respecto, me resultaron particularmente interesantes los ejemplos proporcionados en clase sobre actividades que, a priori, pueden no parecer novedosas, como las actividades de comprensión oral mediante la escucha activa de audios, el dictado, el uso de documentos auténticos como fuente de comprensión escrita o el uso de dibujos para practicar las actividades de intercambio, como la descripción dialogada. Todas ellas son actividades que conocemos, pero que, con la reflexión previa adecuada sobre qué queremos conseguir con ellas y cómo vamos a despertar la motivación intrínseca de nuestro alumnado para que participe, se convierten en herramientas eficaces (y hasta modernas en términos pedagógicos, si queremos) para obtener aquello que deseamos de ese proceso de enseñanza-aprendizaje en particular. Asimismo, estoy muy de acuerdo con la necesidad de rentabilizar todo esfuerzo invertido en crear un material y sacar de él actividades adecuadas para niveles diferentes y perfiles distintos de alumnado.

Otro aspecto que quiero destacar de la sesión es el hecho de haber (re)descubierto el diccionario virtual Cervantes. Aunque lo conocía, hasta ahora no lo había utilizado para leer sobre los conceptos que manejamos en este contexto de formación, y me ha resultado de gran utilidad leer las entradas propuestas como deberes. En especial, me ha ayudado a ponerle nombre a algo que yo intuitivamente siempre he procurado incorporar a mis clases, que es el enfoque comunicativo. Quizás porque recuerdo las palabras de mis padres, ambos profesores de lenguas, que siempre me inculcaron que las lenguas eran para entenderse (y no para no entenderse); quizás porque yo misma he experimentado la ansiedad de tener que comunicarme cuando no compartía idioma con mi entorno, he tenido siempre el objetivo de transmitir a mi alumnado que lo más importante de aprender una lengua extranjera es que se comuniquen con ella, con independencia de la fluidez y destreza que vayan adquiriendo con la experiencia y el estudio.
Y por eso siempre he procurado darle prioridad en mi enseñanza a las actividades que les permitían precisamente poner en práctica esa comunicación en LE, que curiosamente también resultan ser las actividades que más les motivan. Creo que la razón de que sean actividades con las que el alumnado no solo aprende, sino que disfruta, experimenta y se compromete con ellas, es porque les permiten obtener una mayor recompensa para su autoestima al demostrarles que poseen fabulosos recursos de compensación que acuden en su auxilio para cubrir las posibles lagunas que puedan tener en la LE, y que por tanto estas lagunas, que ven cubiertas progresivamente en clase, no les paralizan necesariamente. Esto engarza a la perfección con el tratamiento no estigmatizante del error, un tema sobre el que también tuvimos ocasión de planear someramente.

Por último, me gustaría añadir que me alegra ver que el role-play aparece considerado también como un instrumento valioso dentro del enfoque comunicativo, pues he podido comprobar en primera persona sus beneficios como alumna tanto de radio (haciendo radio-teatro) como de interpretación (simulando escenarios reales de interpretación). Creo que los role-plays ofrecen un escenario fantástico para conjugar tanto el aprendizaje de las destrezas (comprensión y expresión), como de varias de las competencias clave (como la comunicativa, la social y cívica, la de aprender a aprender mediante la observación del role-play, etc.), y en el aula de lengua extranjera en secundaria nos permiten introducir también debates en torno a temáticas como la desigualdad, la justicia o la solidaridad desde una perspectiva de derechos humanos (y género), algo en lo que estoy especialmente interesada.

Conclusión

En definitiva, siento un gran alivio al saber que todo lo que he aprendido hasta ahora, a pesar de haberlo hecho a través de un método marcadamente tradicional, no es un saco del que deba desprenderme, y que puedo reconvertirlo y reutilizarlo en mi propia práctica docente aplicando una mirada nueva. Creo que uno de los retos que tenemos por delante es conjugar de manera realista y pragmática todo el contenido teórico recibido hasta el momento con la práctica docente cotidiana, y en este sentido me parece especialmente importante no perder en nuestro aula la autenticidad y humanidad de la labor de los maestros y maestras, y saber combinarlo con la labor de estímulo y reto intelectual constructivo propio de los niveles superiores de la educación. En resumen, lo más importante para mí tras esta nueva sesión es que me siento animada a seguir aprendiendo y remangarme para preparar las prácticas reales en un centro de secundaria y ver cuáles son las mejores formas de canalizar tan prolífica reflexión pedagógica.

Fuente de las imágenes: Pexels.com

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